"Terrenos en Chiapas Ideales para Aceite de Palma"

El aceite de palma es un ingrediente presente en muchos productos industriales: champús, detergentes, helados, chocolates, galletas, margarinas, cosméticos, velas y artículos de limpieza, por sólo mencionar algunos. También se utiliza, en menor medida, como agrocombustible.
Organizaciones como WWF y Ethical consumer calculan que el 50% de los productos de consumo común lo contienen, aunque no siempre se puede identificar su presencia, porque no se le etiqueta en forma clara: las empresas usan términos como aceite vegetal, grasa vegetal, semilla de palma, aceite de semilla de palma o palmitato.

En promedio, cada persona consume ocho kilos de aceite de palma cada año, de acuerdo con una estimación de la agencia informativa Bloomberg. Esto lo coloca como el aceite vegetal más consumido en el planeta.
En la década de los noventa el auge del aceite de palma se desató en diferentes industrias, sobre todo porque se encontró que es más versátil y eficiente que la soya o la canola. Es la oleaginosa con mayor productividad por hectárea en relación con cualquier otra planta.

Condiciones Perfectas para el Aceite de Palma.

Chiapas tiene las condiciones perfectas para que la palma aceitera prospere. Chiapas cuenta con alta humedad —la planta requiere 1,800 milímetros de lluvia por año—, una altura menor a los 300 metros sobre el nivel del mar, una temperatura anual promedio de entre 22 y 28 grados centígrados, además de poco viento y mucha luz.

La palma necesita más de 2,000 horas de sol al año, según el documento Planeación Agrícola Nacional 2017-2030 de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural

Esas condiciones, sumadas al impulso que el gobierno estatal dio al cultivo, han llevado a que Chiapas sea el estado del país con la mayor superficie sembrada con palma de aceite.
En 2022, el pago por tonelada de fruta de palma de aceite se incrementó en México. La principal razón: la guerra en Ucrania, que limitó las capacidades de exportación de Malasia.

En enero, un mes antes de que iniciara el conflicto entre Rusia y Ucrania, la tonelada de aceite crudo se vendía en 26,000 pesos (1,323 dólares); a cada productor le pagaron la tonelada de fruta en 3,393 pesos (169 dólares). Tres meses después, en abril, se registró el pico más alto en la historia del precio de la palma: la tonelada de aceite crudo se vendió en 36,000 pesos (1,813 dólares) y la tonelada de fruta se pagó en 4,501 pesos (224 dólares).
Desde entonces, los precios han disminuido hasta llegar a julio con la tonelada de aceite en 31,000 pesos (1,573 dólares) y la tonelada de fruta fresca en 3,961 pesos (197 dólares).

La Palma de Aceite: un Cultivo Rentable para Pequeños Agricultores.

La palma de aceite es, para muchos, sinónimo de grandes plantaciones en manos de empresas agroindustriales. Sin embargo, los pequeños productores son claves en el sector. Se estima que estos suministran alrededor de 40% del total de aceite de palma producido en el mundo
El caso de México es particularmente relevante por ser uno de los países de América Latina con mayor proporción de superficie de palma de aceite en manos de este tipo de productores.

La palma de aceite, en especial en su modalidad agroindustrial, es un cultivo en clara expansión. En la última década se ha duplicado el precio del aceite de palma, de 317 a 715 dólares por tonelada lo cual ha impulsado, en buena medida, la siembra de siete millones de hectáreas de palma, con una superficie estimada de 1 986 hectáreas sembradas al día.

El incremento en el precio del aceite de palma de la última década y el déficit nacional en aceite vegetal explica, en buena medida, la adopción en México de políticas gubernamentales orientadas a incentivar la siembra de palma de aceite o africana.

En 2016 el cultivo alcanzó las 90 000 hectáreas, superficie distribuida entre los estados de Chiapas (48%), Campeche (26%), Tabasco (18%) y Veracruz (8%). En Chiapas la palma de aceite fue, de hecho, el cultivo que más creció en superficie en la última década. Se encuentra en la región del Soconusco (28 020 hectáreas) y en el norte (8 524) y sur de la Selva Lacandona (6 900).

De las 11 extractoras de aceite crudo de palma en el estado,6 seis se ubican en el Soconusco donde, además, tres (BEPASSA, La Primavera y Zitihuatl) son propiedad de pequeños productores.

Aceite de Palma en el Soconusco.

El Soconusco destaca por haber sido, muy posiblemente, la primera región de siembra de este cultivo en México y el sur de la Selva Lacandona7 por haber involucrado a un gran número de familias rurales en un muy corto período de tiempo, a pesar de su incorporación tardía, en 2005.

En el Soconusco, el cultivo de palma se ubica en las llanuras costeras, donde en el último siglo, además de ganadería, se ha desarrollado una agricultura intensiva enfocada en la producción de banano, caña de azúcar y mango. En esta región hay tanto productores de gran escala en tierras tituladas como propiedad privada (~ 450 ha) como pequeños productores (~ 10 ha) bajo el régimen de tenencia ejidal (véase abajo).

La Selva Lacandona es una región eminentemente campesina donde los productores se han dedicado a la ganadería, muchas veces a costa de las selvas tropicales de la región. En esta región, el tamaño promedio de las propiedades campesinas es mayor (entre 20 y 50 hectáreas)

En cuanto a los productores de palma de aceite en México podemos distinguir entre pequeños (≤ 50 hectáreas sembradas con palma de aceite( y grandes > 50 hectáreas).
Los primeros viven, en la mayoría de los casos, en tierras tituladas como propiedad ejidal, mientras que los segundos suelen estar bajo propiedad privada, siendo, por tanto, con frecuencia identificados como «ejidatarios» y «sector privado», respectivamente.

A diferencia del sector privado, los ejidatarios dependen en buena medida de la mano de obra familiar y suelen, además, tener otros cultivos y, en ocasiones, algunas cabezas de ganado. Este tipo de productor varía dentro de cada región dadas las diferencias de clase y entre regiones dado el contexto agrario y los vínculos existentes con la economía de mercado.

En el Soconusco, los productores de palma tenían en promedio 9.8 hectáreas de propiedad, de las cuales 5.5 tenían palma de aceite sembrada (Cuadro 1).

En la Selva Lacandona los productores poseían 42.8 hectáreas, de las cuales 13.8 correspondían al cultivo de palma. En cuanto a la orientación al mercado, los ejidatarios del Soconusco transitaron de cultivos comerciales a palma, mientras que en la Selva la conversión fue, con frecuencia, de ganado a palma,8 habiendo un pequeño porcentaje de ejidatarios en ambas regiones que antes de la palma vivía de jornalear.

El sector privado está conformado por ganaderos que convirtieron sus ranchos a palma («rancheros»), por empresas (entre las que destacan aquellas involucradas en la extracción de aceite) y por inversionistas. En el Soconusco este tipo de productores eran rancheros y empresas con propiedades bajo el régimen de propiedad privada, que tenían, en promedio, plantaciones de palma de 436 hectáreas (concentrando 80% de la superficie de producción muestreada en la región de estudio).

En la Selva Lacandona este tipo de productores lo conformaban inversionistas y algunas empresas que compraron terrenos ejidales y establecieron plantaciones de 177 hectáreas en promedio. Por inversionistas me refiero a individuos con acceso a capital y que llegaron a la región para sembrar palma de aceite y que se integraron en algunos casos a la vida de los ejidos. Según la encuesta realizada en 2012, los grandes productores concentraban 22% de la superficie bajo palma muestreada pero observaciones en campo apuntan a que es posible que este porcentaje haya crecido en los últimos años.

El Aceite de Palma y los Ejidales.

La presencia de un número significativo de pequeños productores en el cultivo de palma aceitera en México está relacionada con la tenencia ejidal y con el tipo de fomento al cultivo por parte del Estado.

En cuanto a la tenencia, el 86% de la tierra en las regiones de estudio es ejidal. La existencia de este tipo de tenencia aún supone la existencia de candados a la compra-venta de terrenos que juegan a favor de los pequeños productores. La legislación agraria (artículo 27 de la Constitución) impide, por ejemplo, la expropiación de terrenos por deudas o que un ejidatario concentre más de 5% de la superficie en un ejido.

Aunque en 1992 se modificó la ley agraria permitiendo la privatización de parcelas y tierras ejidales, han sido pocos los ejidatarios que han optado por hacerlo. En Chiapas, hasta 2007, solo se habían privatizado 6% de las tierras ejidales.

En estas circunstancias, la compra-venta de tierra suele depender de las asambleas ejidales, órganos colectivos compuestos por ejidatarios, que con frecuencia han obstaculizado las ventas a inversionistas y empresas.

Los ejidos suelen además tener sus tierras distribuidas en áreas de uso común dedicadas a la conservación y áreas parceladas donde, generalmente, las parcelas tienen 20 hectáreas como máximo. Tanto las particularidades de la tenencia ejidal como la fragmentación de la propiedad al interior de los ejidos han supuesto un cierto freno a la expansión de los grandes productores en las regiones de estudio.9

Además de la tenencia, el tipo de intervención estatal de incentivo al cultivo permitió la incorporación de los pequeños productores. En Chiapas, el gobierno del estado repartió, a través del programa de Reconversión Productiva (2007-2012), plántulas de palma sin costo a productores interesados, muchos de ellos ejidatarios.

Dicho programa, operado por el Instituto de Reconversión Productiva y Bioenergéticos proporcionó, según cifras reportadas por la Cuenta Pública Estatal, alrededor de tres millones de plántulas de palma en viveros repartidos en las regiones productoras.

Incentivos para Plantar Palma de Aceite.

En general, los incentivos para la siembra de palma en México, ya fueran plántulas o subsidios, han sido entregados por número de hectáreas solicitadas. Es decir, los programas de fomento al cultivo han favorecido, dentro y fuera de los ejidos, a aquellos con mayor cantidad de tierra.

Además, tanto a nivel estatal como federal, la entrega de subsidios ha estado condicionada a la siembra de palma de aceite con densidades de 135 a 150 plantas por hectárea. Así, por ejemplo, el paquete tecnológico diseñado por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) para plantaciones de palma de aceite, y que constituye la base para los subsidios disponibles, prevé una densidad mínima de 135 plantas por hectárea.

Esto, en la práctica, supone que la única forma de producción posible de la palma de aceite bajo los esquemas de incentivo gubernamentales sea como monocultivo. Si bien ambos niveles de gobierno favorecieron la siembra de palma entre los ejidatarios bajo la premisa de que la integración al mercado y la modernización productiva son claves para el desarrollo del campo mexicano, gobierno estatal y federal actuaron de manera diferenciada.

El gobierno federal, a través del programa Trópico Húmedo primero y el componente Desarrollo Productivo Sur Sureste después, repartió fondos a la mayor parte de los ejidatarios a través de FIRA, institución que tenía por condición la entrega de subsidios a productores con créditos solicitados.
Aunque las tierras ejidales no pueden ser expropiadas por deudas, este programa profundizó el involucramiento de los pequeños productores en los mercados financieros, con los costos económicos que esto implica. Esto contrasta con los apoyos que entregó SAGARPA bajo este mismo programa.

Según el padrón de beneficiarios publicado, esta institución entregó 70% de sus recursos a empresas con plantaciones de palma de aceite, algunas en manos de grandes grupos industriales, a fondo perdido.

Más allá de un discurso que ha hecho referencia a la importancia de generar desarrollo en los ejidos a través de la siembra de cultivos «con potencial productivo y mercado, las instituciones federales priorizaron el fomento a la inversión privada, sin proteger al sector ejidal en el largo plazo.

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